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Una carta a los altos mandos de la educación

Es Domingo, sí, Domingo. Y todos deberíamos estar relajándonos, ¿verdad? 

Pero no, estoy muy lejos de estar y sentirme relajada. Tengo algunas tareas que hacer, leer un libro y unas cuantas lecturas. Lo puedo manejar, pero estas palabras no son por mi, son por mi mamá.

Mi mamá lleva trabajando como profesora para el Estado más años de los que yo tengo y, por primera vez en mi vida, la veo con tantos pendientes que yo ni siquiera puedo entender. A fin de mes tiene que presentar documentos tras documentos tras documentos donde justifica que realmente está trabajando. Disculpen la expresión pero.. ¡Qué ganas de joder las de ustedes!

Mi mamá se levanta a las seis de la mañana de lunes a viernes, tiene que terminar de hacer una presentación en PowerPoint para luego grabar un video-tutorial para sus treinta alumnos de segundo grado de primaria. Luego que termina de grabar, lo revisa unas tres veces para asegurarse de que las instrucciones están claras. Lo envía. El resto de la mañana a veces realiza videollamadas a algunos de sus estudiantes que pueden presentar dificultades; cuando no hace eso, está conectada desde dos dispositivos al Google Meet para hacer una clase de una hora y explicarle con lenguaje sencillo a sus ya mencionados treinta estudiantes.

Termina la clase, se estira, se pone de pie y desayuna. Son más de diez de la mañana y vuelve al ordenador porque tiene que programar y enviar la programación de videollamadas por la tarde a sus estudiantes. Al mismo tiempo, revisa su correo con miles de mensajes de capacitaciones innecesarias a las cuales debe asistir, algunas de ellas son sobre cómo relajarnos y aprender a respirar. ¡Irónico!

Luego de haber programado y enviado el horario de sus videollamadas, tiene que cocinar. Sí, mi mamá tiene que hacer el almuerzo para los cuatro. Cocina y almuerza rápidamente porque quiere tener unos minutos para descansar antes de volver al ordenador.

Mi mamá no puede estar sentada mucho tiempo porque le molestan las piernas, le duele la espalda y porque sencillamente no está acostumbrada a las clases en línea. Después de almuerzo y cuando todo ya está limpio y ordenado, revisa el material para el día siguiente y espera que empiecen sus videollamadas. Hace tres o cuatro por día, termina y se reúne con sus compañeras de grado para discutir sobre el tema del día siguiente mientras que al mismo tiempo tiene que asistir a una capacitación sobre sus cuentas institucionales y hacer algunos cursos en alguna plataforma.

Mi mamá, antes de la pandemia, volvía a casa a la una de la tarde. Después de cinco o seis horas de trabajo, regresaba a tomar una siesta y disfrutar de su vida, de su familia. Mi mamá  realmente trabaja todo el día, se estresa con facilidad y realmente está cansada.

No entiende cómo funciona Google Workspace pero ya sabe programar videollamadas en Google Meet. 

Mi mamá solo pide a los altos mandos de la educación que cada fin de mes no les pidan más de veinte evidencias de su trabajo, así como asistir a otras veinte charlas, así como inscribirse en otros veinte cursos. Mi mamá, como muchas, está cansada. Está estresada. Trabaja de lunes a domingo, todo el día, y lo hace por un amor quizás más grande que el que me pueda tener a mi.

Por eso, yo, pido amablemente y con el mayor respeto, que dejen de joder. Que no les den más trabajo del que ya tienen porque, muy aparte de sus clases, sus cursos y demás, tiene treinta pequeños humanos a su cargo a quienes revisarle tarea y mandarle retroalimentación. A veces, hacer clases extras porque estos estudiantes no tienen el suficiente apoyo en casa y ven en mi mamá una segunda mamá.

Por eso, yo, pido amablemente que realmente los altos mandos de la educación, en lugar de estar presionando a sus docentes que ya no pueden más, presionen por las vacunas para ellos. Yo quiero que mi mamá se vacune no porque quiero que salga a trabajar, sino, porque ella estará a salvo. Y por la quiero ver viva mucho tiempo más.

Tengo lágrimas en los ojos mientras escribo esto y aunque esta carta puede ser mucho más larga, no tengo mucho tiempo porque también tengo que ayudar.

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