Hace un año y un poco más la vida cambió. Sentí que todo se detuvo y frente a mis ojos pasaban mis sueños y esperanzas para el que iba a ser el mejor año de mi vida, el 2020.
Me hice a la idea que nada volvería a ser como antes, que mis planes y prioridades debían cambiar, y por ende, yo con ellos. Y no me resultó tan bien como esperaba.
Las clases debían empezar y no estaba lista, ni física ni mentalmente. Y colapsé. En varias ocasiones, en muchas oportunidades lloré hasta quedarme dormida, frustrada y agotada. Y ahí entendí que me hubiera gustado aprende a regular mis emociones pero no, en lugar de eso, me estaban enseñando a sobrevivir a un sistema equivocado, el sistema de la supervivencia del que tiene las mejores notas.
Lo que me hubiera gustado aprender este año:
- Aprender a identificar y regular mis emociones, aceptarlas, validarlas y trabajar con ellas.
- Las notas no son un reflejo ni del tipo de estudiante que eres ni mucho menos qué clase de persona eres.
- La salud mental es tan importante como la salud física y, si una está decayendo, todo decae con ella.
- Es importante no dar por sentado nada, mucho menos a las personas que te rodean.
- No tiene nada de malo de malo establecer limites (aplica para todo).
- El sistema educativo no es cruel, solo está confundido.
- No es egoísta apagar el celular mientras sientes tu mundo arder, lo contrario, te estás priorizando y nadie debería criticarte o juzgarte por eso.
- Si crees en algo, aférrate a ello, no te sueltes.
- Sé el cambio que quieres ver en el mundo.
- No hacer nada también es productivo.
Llegó el viernes, último día de la semana y con una sonrisa en el rostro solo pienso en lo rápido que pasarán los dos siguientes días y, sin darme cuenta, todo se repite nuevamente.
Las clases empezarán el lunes y no estoy lista, ni física ni mentalmente.
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