Fui a la clínica. La noche anterior estuve algo delicada, caminaba con algo de cojera y mis papás pensaban que iban a tener que internarme y prepararme para una operación. Me quedé dormida y si me molestaba aquel dolor, no lo sentí. Esta mañana, era otra la historia.
Me duché para ir a clases, delineador en mis ojos, rimel en mis pestañas y gloss en los labios. Uso el color vino solo en ocasiones especiales.
Me encontré con mi prometido allá y luego de un par de besos tiernos, cada quien a su clase.
A las nueve de la mañana, papá me llamaba.
Iba a ir a la clínica. Tenía que saber que había en mi cuerpo que me causaba cierta molestia. Mi prometido y yo pensamos que estábamos esperando un bebé.
Cuando me hacían la ecografía, confieso, buscaba un pequeño frijolito en la pantalla negra. Alguna cosa redonda o o algo que pudiera ser dicho como "estás embarazada". Pero no había. No hay embarazo.
Al salir, llamé a mi prometido y me preguntó: ¿Estás embarazada? La esperanza en su voz me tocó. Por un momento quise decirle sí, pero la verdad era otra. Aún no era nuestro momento de ser padres.
Vio aquel papel membretado de la clínica, agregando un "aquí dice que estás embarazada, ¿verdad? La respuesta nuevamente era no.
Quizás no es nuestro tiempo ahora, quizás nos queda mucho que lograr para nuestro pequeño rollito de primavera. Quizás este mes no hay bebé..
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