Anoche no quería ir a clases, me sentía mal -aunque quizás esa no sea la palabra adecuada-, y le dije a mi prometido en medio de la tensión del momento que no pensaba ir a clases hoy. Que me iba a ir a la orilla y vencer mi miedo. Me preguntó que prefería: ir a clases con él o perderme con él en el mar. Mi decisión fue la mejor.
Pasó temprano por mi y me sorprendió con un peluche de un perro que me cautivó. Me besó dulcemente y fuimos juntos a clase, volvimos al lugar donde empezamos.
Mi prometido empieza su cuarto ciclo, yo el último. Sí, este año me gradúo. Ya estoy vieja, já. íbamos hablando durante el camino, compartiendo besos ocasionalmente y risas. Mi noche pudo haber sido mala pero hoy, con él, me siento bien.
Luego vino de nuevo, me iba a clases de inglés con él y la tensión volvió. De pronto el rimel se me corría, él estaba ahí y ambos acompañados por el silencio. Y no bajé. No bajé del carro, me pasé. Se puso de pie y me dijo que me vaya, que ya no me iba a ayudar, y a pesar de no saber donde mierda andaba, quise bajarme.
Y me besó.
Con pasión.
Mi labial terminó en sus carnosos labios. Me senté de nuevo.
Reímos.
Hablamos.
Bajamos mucho más adelante.
Conversamos.
Para qué describir lo que hicimos en la alfombra, si basta con descubrir que le besé hasta la sombra.. y un poco más..
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