—¿Cómo te sientes hoy, Carmen?
—Pues hasta cierto punto del día, me sentía bien. Pero como es costumbre en mi, a último momento me desmorono. Tuve que llamar a Valeria y estuve a punto de contarle ciertas cosas que preferí guardar para mi. Quería llorar mientras trataba de explicarle que últimamente me he sentido como una granada.
—¿Qué hiciste para tratar de no sentirte así?
—Compré. Si, adquirí dos nuevas pulseras. Lo cual hizo que me dijeran "la loca de las pulseras", sin saber que historias hay detrás de ellas, y una edición de un libro de S. King. El hombre que siempre he querido leer aunque parezca raro.
—¿Compraste dos nuevas pulseras? ¿Por qué?
—Me he dado cuenta que cada vez que compro una es porque tengo aquel recuerdo en mi mente. Pienso en eso y lo primero que hago es sacar una moneda de mi bolsillo y comprar la primera pulsera que me guste.
—¿Te gusta alguién, Carmen?
—No sé lo que siento...
—¿Qué estás haciendo ahora?
—Secandome las lágrimas, y pensar en un niño de tres años.
—¿Un niño de tres años?
—Asi es, una pequeña criatura que espero no olvidar nunca.

Comentarios
Publicar un comentario