Estamos martes 11 de Julio, son casi las 17:00hrs de este lado de Sudamérica. El día es gris, como me encantan y la temperatura fría de Lima hace que quiera enfermarme.
Ha sido una semana estresante, agotadora, intensa pero.. pero, ha sido de las semanas en las que más he sonreído, más fuerte me reído y feliz me he sentido.
Ayer colapsé, la gota derramó el vaso, tuve un ataque de llanto en medio de la calle, mi celular moría al igual que yo por dentro, sentía más frío que de costumbre y recuerdo que había una sola persona a mi lado durante todo ese momento.
Se tomó el tiempo de mandar un vídeo -muy gracioso- diciendo: "¿te podés tranquilizar un poquito y ponerte a pensar que tenés más razones para estar bien derrepente que las razones que tienes para estar mal?
Es en ese momento en que te das cuenta que está bien llorar. No es malo. No es un pecado y que lance la primera piedra quien no lo hizo cuando sintió que ya no podía más.
Llevo cinco años en esto, estoy en mi etapa de convalecencia y nada más gratificante para mí sentir que ya va a acabar. Sentir que si ayer me dormí con los ojos llorosos, hoy me levanté más espontánea que de costumbre, más viva, más real, más yo.
Hoy me levanté con ganas de escribir, con ganas de tomarme una Coca-Cola, con ganas de gritar, bailar, cantar.. con ganas de decir: hey, ya falta poco. Ya está terminando.
El título de hoy, es una canción.
Mi corazón está en paz.
Mi mente sigue revuelta pero eso no es problema.
Mi alma se cura en estos últimos días.
Mi cuerpo, bueno señores que les digo, yo como siempre.
Está bien llorar, siempre y cuando alguien te seque las lágrimas y te diga: esta no se quiere ir, está complicada y que te diga que llorarás aún más cuando vaya a verte.
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