Mientras tomábamos desayuno y mi té se cargaba aún más la pregunta salió. Recuerdo que se la dije mirándola fijamente a los ojos, lo pensó un poco. Para mí ya era sorpresa saber que siquiera lo pensaba, entonces tomando una respiración profunda, dijo: Ahora, no. Ahora tengo una "relación" pero no lo sé. De pronto el volvió a aparecer y yo siento cosas, yo lo quiero. Pero también estoy estudiando. Entonces quise reformular la pregunta. Si estuvieras soltera, no trabajas actualmente y ya te graduaste, él te busca y te dice que tomes un avión con él, ¿lo haces? Sí. Y sus ojos brillaron. Y una curva se formó en sus labios. Y era otra persona quien me respondía. Era una persona cuyo corazón volvía a latir, cuyas heridas posiblemente iban a ser sanadas, era otra. Sé que con él tendré estabilidad, y no la económica; tendré estabilidad emocional. (Aquello que no tengo actualmente) y será bonito. Él no me va a cortar las alas. Y por un moment...
Nada más extraño y delicado que la relación entre las personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y no a intercambiar saludo ni palabra alguna. —Muerte en Venecia.