Que esta noche sólo seamos dos amantes que se sostienen de todo y de nada a la misma vez. Llega a mi casa cuando el reloj marque las once, tú, elegante de pies a cabeza, con esa fragancia seductora a la cual no me puedo resistir. Yo, vestida sólo con una delgada tela de color azul oscuro, zapatos de tacón y el cabello recogido. La cena está lista, pero hoy no comeremos comida. Con mucho cuidado y sólo con la luz de velas, me entrego a tí, en cuerpo y alma. A paso ligero pero seguro te acercas a mi, tu dedo se desliza por mi desnudo muslo y directamente se adueña de la pequeña parte de mi anatomía que será tuya. Te hago una Propuesta Indecente, susurras en mi oído. Nos acercamos y tu viril órgano está más que listo. Levantas aún más el vestido y tus maravillosos dedos de pianista hacen su trabajo. Susurro palabras incoherentes en tu oído, mi mano derecha baja hacia tu cinturón y decido desabrocharlo. Ante mi nace tu amiguito , lo tomo entre mis manos y realizo movimientos de ...
Nada más extraño y delicado que la relación entre las personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y no a intercambiar saludo ni palabra alguna. —Muerte en Venecia.