Por fin, ella está sola. Ni un solo murmullo dentro de las cuatro paredes. Paz. Tranquilidad. Apenas y es martes y el llanto se apoderó de ella en dos ocasiones. ¿Por qué el gritarle le afecta tanto? Fragilidad. ¿Por qué las palabras causan dolor en su pecho? Ilusión. Ella no se considera bonita, ella sabe que no lo es sin embargo, tratar de poner una sonrisa en su rostro y seguir adelante. ¿Es ella, feliz? Con un trozo de pastel de chocolate puede sonreír pero no ser feliz. Con una entrada para el concierto de sus ídolos, puede estar eufórica, pero no feliz. ¿Cómo alguien —a tan corta edad— puede sentirse tan basura? ¿Es algo posible? No tiene la mayoría de edad y las opciones de acabar con su vida son “pan de cada día”, si no es una botella de píldoras, o el cuchillo de cocina, puede ser la cuchilla de una máquina de rasurar.
Ella quiere ser feliz, ella quiere que la sonrisa que se forme en su rostro sea verdadera, ella quiere dejar de pensar en acabar con su vida. Ella quiere respirar con tranquilidad y dejar de pensar en no continuar haciéndolo. Ella quiere enamorarse, ella quiere que un personaje — como en esos libros que ha leído — llegue a su vida, le prometa amor, fidelidad y felicidad. Ella nunca conseguirá eso. Ella está rota. Ella pudo haber quedado embarazada de un patán que sólo buscaba sexo. Ella dijo no. Ella se enamoró por primera vez de otro muchacho, dulce y tierno. Él la quiso. Ellos se quisieron, ellos fueron felices en algún momento de su vida.
No duró. Como es de suceder, las cosas se tornaron grises. ¿Quién habrá sufrido más? Nadie lo sabe. Ella, por primera vez, derramó lágrimas por un muchacho. ¿Le afectó también a aquel muchacho? Sólo él lo sabe. Ella se prometió no volver a enamorarse, juro que no volvería a creer en las palabras de un muchacho. No pudo. Ella se volvió a romper este último San Valentín. Las piezas, tardaron en unirse de nuevo. Ella se curó, ella sonrió falsamente y no se cortó. Se alentó y está viva. Nuevamente, meses después, ella volvió a romperse. Lloró en los brazos de su mejor amiga y le confesó: “Fue lindo cuando me dijo que me quiere”. ¿Pero él, la quiere? ¿Es un juego para el muchacho?
La historia de ella con este último muchacho fue maravillosa, él fue su primer amor, ella se enamoró locamente de él cuando entró a la secundaria. Años más tarde, el regresó. Le “pinta” flores y corazones, ella cree cada una de esas palabras que él le dice, los sentimientos que ella alguna vez creyó superados, salieron a flote. Ella volvió a llorar por aquel muchacho una mañana del tres de Septiembre del 2013. Su mejor amiga le hablaba, “Habla con él”, fueron las palabras exactas que le aconsejó. Ella no sabe qué hacer, ella cree estar enamorada de él. ¿Ella nunca lo olvidó? ¿Qué hay de él? Nuevamente se pregunta: ¿Es esto un juego?
Ella se siente mejor, ella dejó sus muñecas intactas, ella olvidó coger la cuchilla guardada en su cajón. Ella está haciendo lo posible por sonreír de manera genuina, ella… ella va a dejar de llorar. Su sangre seguirá recorriendo su cuerpo, las ideas de acabar con su vida, no se han ido completamente, pero puede seguir adelante, sus pensamientos, ahora reflejan otra cosa. Ya no objetos punzantes, ya no pastillas, ya no lágrimas. Ella… va a cambiar.
Ella está de acuerdo en dejarse querer de esa forma, sin sentimientos de por medio ni otras intenciones. Ella será querida sólo por unos días. Distracción. Sólo eso alejará esas ideas que ella tiene, ella lo necesita, aunque no sea para siempre.
Ella ahora se comienza a querer, comienza a creer en ella misma, ella está segura que ya no caerá al fondo del vacío y se perderá. Ella lo intentará, ella buscará una luz al final del camino. La encontró. El muchacho sostiene en sus manos una linterna, él es luz. Él la guiará, la acompañará, disfrutará cada segundo que pasen juntos. Ellos no están enamorados, simplemente se aman de forma especial, en secreto, en lugares donde pueden mostrarse sin tapujos.
Ella sonríe, ella ríe, en sus ojos se refleja… felicidad. Ella se siente feliz, ella… disfruta. Ella está aprendiendo a amarse. Ella come con gusto, ella ríe de cualquier cosa, ella escucha música de sus artistas favoritos, ella ya guardó todas las armas en el fondo de su gaveta, ella ahora está construyendo muros que espera, tarden en derrumbar.
Ella pensó en estos dos últimos días, ella lloró hace dos noches porque creía que él le estaba mintiendo, ella lloró en los brazos de su amiga y ella la fortaleció. Ella arregló los problemas con él. Ellos seguirán amándose, ellos lo harán hasta saciar su amor… ¿Cuánto más durará? Lo que tenga que durar.
Ella ya se desahogó, ya no va a llorar, sólo el último día que vea a sus amigos, ella seguirá con sus hábitos de siempre. Va a mirar la vida desde el suelo, meditará unos segundos, y, se pondrá de pie. Seguirá adelante.
Ella ya no tiene nada que decir, ella se quitó un peso de encima. Ella, soy yo.
3 – 09 - 2013
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