Inspirada en la canción con el mismo título.
Estaba en la casa, era casi medianoche y él llegó.
Tenemos que hablar, dijo. Él camino en dirección hacia mi, yo me alejé. Por miedo. Sus ojos estaban rojos e hinchados, nunca lo había visto de esa manera. Destruido. Derrotado. Hecho mierda.
¿Qué quieres? pregunté de manera directa y fría. Una conversación, susurró. Suspiro y me doy cuenta de la cantidad de aire que estaba conteniendo, lo invito a pasar, me sonríe de lado y se sienta en uno de los sofás. Me siento en frente suyo, y espero...
Somos iluminados sólo por la luz de una pequeña lámpara. Él se pone de pie y empieza a caminar de manera nerviosa por toda la habitación, camina hacia la izquierda mientras yo me encuentro en el lado contrario; ¿Por qué has venido? pregunto en mi mente.
Sálvame, y se arrodilló ante mi y empezó a llorar. El llanto que oía era de desespero, lo había estado conteniendo por tanto tiempo que cada lágrima derramada suya causaba estragos en mi corazón. Dolía. Sentía culpa y amargura a la misma vez, ¿Qué hice mal? me pregunté.
No puedo, le dije rápidamente y me puse de pie. Él estaba tumbado en el suelo, apoyando su cuerpo entre el suelo y el sofá mientras sus manos cubrían su rostro. Debes marcharte, agregué, ya es tarde y debes volver a casa. Tu eres mi casa, me dijo. Vete, grité. Sal de aquí.
Ahora es él quién grita mientras yo callo y observo en el monstruo que se apodera de un ser humano. Los objetos de la sala caen de manera abrupta por toda la habitación, todo se rompe, todo cae, todo está destruido.
¿Qué hice mal? Perdí a un amigo en algún lugar lleno de culpa y amargura, lo habría salvado cómo el lo pidio, pero... ¿Cómo salvar una vida?
A la mañana siguiente él había muerto, había acabado con su vida y dejando una nota que decía: "No me salvaste, pero Jesús si".

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