He dedicado mi tiempo a escricir cartas y no mandarselas, a pensar en él y no pronunciar su nombre, a mirar sus fotos y no sonrerír. He dedicado mi tiempo a pensar en el recuerdo que le dí, en el "te quiero" que alguna vez le susurré y en el "vuelve" que digo cuando tengo noticias suyas.
He dedicado mi tiempo a llorar en silencio, fingir una sonrisa y seguir adelante, he dedicado mi tiempo en creear que dices mi nombre, he dedicado mi tiempo en llenar mi diario con aquellas letras que forman su nombre, a extrañarlo, a pensarlo, a soñarlo... he dedicado mi tiempo a él.
He dedicado mi tiempo en pensar en acabar con mi vida o en cortarme para que él pueda decirme "no lo hagas", e incluso de marcharme de la ciudad por la cantidad de recuerdos suyos que me trae. He dedicado mi tiempo a envolverme en un capullo como una mariposa que espera por la primavera, me he dedicado también, a pretender que no pienso en él; a fingir, a olvidar, a no romperme. He dedicado mi tiempo a soñar en que tal vez lo vuelva a tener a mi lado y seremos lo que siempre fuimos... nada. Pero a la vez todo.
He dedicado mi tiempo a que él sea el artista y me moldee como arcilla, he dedicado mi tiempo a esperar por el silencio y que cuando me sienta preparada, escribiré -nuevamente- algunas líneas para él. He dedicado mi tiempo a escuchar las canciones que a él le gustan, a ver las películas que son sus favoritas y recordar el olor de aquel perfume suyo.
He dedicado mi tiempo a desperdiciarlo, a ser el títere y el titiretero, a ser ícaro y él, el sol, me he dedicado a ser muchas cosas y él... nada. He dedicado mi tiempo a escribir este relato exclusivamente para él, para un alguién que estuvo ahí... y que ahora... ya no más.
¿Por qué no eres tú el escritor y decides las palabras que debo decir? Ya estoy cansada de pretender estar bien.

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