Mientras preparaba mi desayuno escuchaba a Galdós, lo máximo mi tío Charlie. Hablaba sobre lo que estaba por suceder el día domingo, el día del padre.
Algo que llamó bastante mi atención fue la cantidad de personas que comentaban que algo que les molesta de sus padres es que no sean cariñosos, me cayó como anillo al dedo. Entonces, reflexionando ante tantas otras reflexiones, lo entendí.
Mi papá no es, no fue ni mucho menos será un ser cariñoso. No es de los que abraza o dice las palabras "te quiero". Creo que solo me lo dice una vez al año, en Diciembre. Y cuando lo hace es incómodo. Cuando era pequeña siempre le reclamé porque no mostraba afecto ni tampoco lo sentía cerca y solía responderme "yo soy así y no voy a cambiar" y pues, ¿Quién cambia a los 60? Nadie.
Por muchos años lo culpé por mis malas relaciones con otros hombres cuando él no tenía la culpa, lo culpé porque ya no iba a las actuaciones escolares (que no eran muchas en comparación a las que si iba), lo culpé por no darme permisos para ir a fiestas; lo culpé por no ser mi amigo. Entonces entendí, mi papá no es ni será mi amigo, mi papá tiene el incómodo trabajo de ser eso, mi padre; el ser que te va a poner frenos por tu bien.
Hasta hoy no he hemos tenido una conversación sincera y sin prejuicios, creo que soy yo quien no está lista. No estoy lista para preguntarle qué le falto en su vida para sentir que algo falta en la mía, no estoy lista para preguntarle por qué no estuvo ahí la primera vez que me rompieron el corazón, no estoy lista para preguntarle por qué no a pesar de estar presente lo siento ausente.
Mi papá es gracioso, sarcástico, dice más lisuras que cualquiera y es casi de mi tamaño. Su cabello ya tiene pequeñas tonalidades grises pero aún tiene la chispa de un hombre joven. Mi papá me espera por las noches cuando llego a casa, me cumple mis antojos y me compra una Coca Cola a escondidas de mi mamá. Mi papá, a su modo, me aconseja y me reprende. Mi papá no es mi amigo, es mi papá.
Ahora que ya tengo más años de los que imaginé tener, entiendo que su trabajo es incómodo porque se gana el odio, la vergüenza; se gana con mi malgenio e incluso con mis insultos mentales. Mi papá se gana con los cambios de humor, la edad, el llanto, las risas y todo lo que involucra tenerme como hija.
En este día del padre solo me queda agradecerle por cumplir con su interesante labor y porque no ser mi amigo, sino mi papá.
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