Mientras preparaba mi desayuno escuchaba a Galdós, lo máximo mi tío Charlie. Hablaba sobre lo que estaba por suceder el día domingo, el día del padre. Algo que llamó bastante mi atención fue la cantidad de personas que comentaban que algo que les molesta de sus padres es que no sean cariñosos, me cayó como anillo al dedo. Entonces, reflexionando ante tantas otras reflexiones, lo entendí. Mi papá no es, no fue ni mucho menos será un ser cariñoso. No es de los que abraza o dice las palabras "te quiero". Creo que solo me lo dice una vez al año, en Diciembre. Y cuando lo hace es incómodo. Cuando era pequeña siempre le reclamé porque no mostraba afecto ni tampoco lo sentía cerca y solía responderme "yo soy así y no voy a cambiar" y pues, ¿Quién cambia a los 60? Nadie. Por muchos años lo culpé por mis malas relaciones con otros hombres cuando él no tenía la culpa, lo culpé porque ya no iba a las actuaciones escolares (que no eran muchas en comparación a las que si iba),...
Nada más extraño y delicado que la relación entre las personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y no a intercambiar saludo ni palabra alguna. —Muerte en Venecia.