Llevo dos meses soltera.
Llevo tres meses trabajando.
Llevo sesenta meses sobreviviendo a los ataques depresivos repentinos.
Los segundos se transforman en minutos, los minutos en horas, las horas en días, los días en semanas; las semanas, en meses.
Mi rutina ha cambiado totalmente.
Por mi cuenta tomo desayuno, trabajo, voy a estudiar, hago planes, salgo, incluso tengo tiempo para limpiar mi casa.
Cada día me levanto con una frase distinta, yo sola me doy ánimos para seguir. Y me gusta. Está bien.
Me caigo pero me levanto mejor que el día anterior. Más fuerte.
Mi moto: "Hoy me levanté más positiva que la prueba de embarazo de mi mamá de hace casi 20 años atrás".
No es una entrada habitual, lo sé. Pero aún hay vicios que quiero dejar para dedicarme a mis pasiones.
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