Hace unos días, revisaba las notas guardadas en mi celular. Encontré desde citas literarias hasta fragmentos escritos en el baño de damas de la universidad, esta ocasión comparto un fragmento con ustedes.
No recuerdo cuando lo escribí, pero de cualquier manera, las palabras narradas las recuerdo vividamente...
Son las seis del día sábado, el cielo se ha tornado de un pálido gris y abrazo mis piernas en el rincón de la habitación..
Aún tenía sus palabras en mi mente, entonces, me dejé llevar por los recuerdos..
Tenía tres años y mi padre me llevaba en brazos. Estamos en la cuadra doce de la tan conocida avenida que aún recorro cuando voy a la universidad, en la esquina donde aún funciona la pastelería y, cuando tengo dinero, compro una torta para saciar mi hambre. El semáforo de la otra esquina nos indicaba que podíamos cruzar, que no había peligro, que engaño.
La pista en dirección hacia la derecha la cruzamos con tranquilidad, caminamos por cada una de las líneas blancas del asfalto hasta llegar a la verma central. Llegamos. Nos detuvimos. Me aferré al agarre de mi padre, dio un paso y no recuerdo nada más.
No sé que pasó hasta hoy y ya han transcurrido casi quince años. Vagamente una mancha blanca aparece en mis pensamientos acompañada de la silueta de un hombre de edad avanzada pero lo único que tengo son testimonios. Palabras del hombre que aquella tarde me llevaba en brazos..
"Nos atropelló un station wagon blanco" dice. "Era un hombre viejo que al no respetar la luz roja nos pasó por encima, lanzándonos unos cuantos metros de distancia, se marchó dejando a un hombre y a una pequeña de tres años en medio de la calle."
Ahora, a mis diecisiete, odio cada auto color blanco de dicha marca. Aún fuerzo mi memoria para tratar de esclarecer las imágenes pero es en vano. Y solo tengo un propósito, encontrar al conductor -si aún vive- y... lo que tenga que hacer lo sabré en ese momento."
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