En un salón de clase, rodeado de personas que aún no conoces -excepto aquellos con los que llevas un año de estudiar juntos-, no sabes la historia que está en sus interiores. No sabes que los trajo aquí, si fue decisión propia o quizás por obligación. A lo mejor a muchos de ellos no les gusta estudiar y a otros, sí. Quizás fueron decisiones equivocadas las que los trajeron aquí, no lo sé.
"En todo grupo siempre está el líder, el segundo líder que sería el líder si no hubiera, el listo, el guapo, el imprescindible y la chica." Y sabemos que el segundo líder no es quien se queda con la chica.
En mi grupo encontramos tres chicas y dos hombres, sería difícil -por no decir imposible-, acomodar a un grupo de cinco con un modelo de un grupo de seis.
Conforme pasan los minutos, varios de nosotros nos perdemos y nuestra presencia ya empieza a ser ignorada. Podemos dormir, o decidir mandar un mensaje. Ves el baño como una excusa para refugiarte, o en mi caso, pretender tomar nota de la clase cuando estás escribiendo mientras imaginas que la voz de un niño en coma va pronunciado cada palabra.
Sientes que el sol ya está llegando a su máximo esplendor cuando el aire del ventilador no empieza a ser suficiente. Tienes mucho que decir pero tienes miedo. Como todos. Optas por guardarte lo que sientes aunque no sabes por cuanto tiempo puedas lograrlo.
La campana suena y me siento salvada. Guardo este papel para luego, escribirlo y compartirlo.
"En todo grupo siempre está el líder, el segundo líder que sería el líder si no hubiera, el listo, el guapo, el imprescindible y la chica." Y sabemos que el segundo líder no es quien se queda con la chica.
En mi grupo encontramos tres chicas y dos hombres, sería difícil -por no decir imposible-, acomodar a un grupo de cinco con un modelo de un grupo de seis.
Conforme pasan los minutos, varios de nosotros nos perdemos y nuestra presencia ya empieza a ser ignorada. Podemos dormir, o decidir mandar un mensaje. Ves el baño como una excusa para refugiarte, o en mi caso, pretender tomar nota de la clase cuando estás escribiendo mientras imaginas que la voz de un niño en coma va pronunciado cada palabra.
Sientes que el sol ya está llegando a su máximo esplendor cuando el aire del ventilador no empieza a ser suficiente. Tienes mucho que decir pero tienes miedo. Como todos. Optas por guardarte lo que sientes aunque no sabes por cuanto tiempo puedas lograrlo.
La campana suena y me siento salvada. Guardo este papel para luego, escribirlo y compartirlo.
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