Ir al contenido principal

Vestida de blanco



Eran las 13:15 cuando acabé las clases. Tomé el rumbo que usualmente tomo pero sola, hasta que divise a un amigo y emprendimos una pequeña caminata.

Habremos caminado por un lapso no mayor a 20 minutos, hasta que llegamos a cierto punto donde cada quien tenía que tomar una dirección distinta. Él, derecha; yo, izquierda. Doble aquella esquina, y sin mirar atrás me puse a cantar.

Cantar y hablar sola son cosas que suelo hacer cuando ando por las calles sin compañía alguna. Es divertido porque me llevan a hacer otra cosa que me gusta, escribir. 

Mi paso era lento, miraba las tiendas que ya conocía de memoria. Me detenía en las esquinas para respirar tranquilamente y seguir, sin mirar atrás. Me puse a hablar sola cuando me di cuenta que estaba a 15 minutos de llegar a casa. Entonces, fue que vi algo que captó mi atención.

No recordaba haberlo visto antes, quizás sea por eso que me sorprendió. Vi, una Casa de Novias. Me detuve por un segundo, mire a la mujer de cabello rubio y corto que atendía ahí y pensé: ¿Qué hago? Podría haber entrado, aunque sería muy raro que una jovencita de mi edad entre a esas tiendas, a menos que diga algo como: "Busco algo para mi mamá" pero no, hice algo mejor. Continué mi camino.

En lo que veía la tienda alejarse y que cada vez me acercaba a mi destino, pensé en dos cosas: una, ¿Soy la única que siente que jamás usará un vestido blanco? ¿Es raro que sienta que jamás me casaré? me puse a pensar en eso, y la verdad es que no obtuve respuesta. Y es más, hasta ahora no la tengo.

Pero la otra cosa en la que pensé, fue más sencilla: Ya tengo algo que postear en mi blog.

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Agosto

Hace cuatro meses te fuiste. Lo más irónico del amor es que en algún momento guardamos duelo por alguien que está vivo. Mayo fue doloroso, Junio fue doloroso. Julio me desgarró por completo. Sin embargo, Agosto se llevó consigo todo lo que alguna vez pensé que construiríamos juntos. Lloré más veces de las que puedo recordar, grité contra mi almohada pero también tuve el valor de borrarte. Eliminar tus mensajes con promesas vacías, tus te quiero que hoy solo me saben a desesperanza, eliminé tu número de teléfono que me costaba memorizarme. Te eliminé de mis redes sociales porque tenía que seguir mi proceso. Te ví varias veces, en una de ellas, mirándote a los ojos en el elevador quería gritarte cuánto te extrañaba, cuan nerviosa me ponías y así aún podíamos tomarnos el café que nos debemos. Pero no lo hice. Tomé otras decisiones. Verte y aceptar que ya no estás en mi vida. Y, como te dije alguna vez, yo sé que puedo vivir sin ti. Pero no quiero. Y, esta vez, ya no importa lo que yo quie...

Usa tus puentes

En esta era de la comunicación masiva, la comunicación entre las personas es cada vez más difícil. Hablamos, sí. Y, a veces como loros. Pero nos cuesta hacernos comprender, llegar a nuestro interlocutor; expresar lo que pensamos y sentimos. Y, hablar de nuestras vidas es una necesidad humana importante. Una necesidad humana que muchas veces no podemos satisfacer por la falta de receptor. Pero otras veces, porque no encontramos las palabras apropiadas para expresar lo que sentimos.   “Lo que bien se piensa, bien se expresa” dijo Boileau.     Pero para expresarlo necesitamos los medios que son las palabras. Así decimos muchas veces: no tengo palabras para expresarlo. Y eso es cierto. Hay sentimientos tan complejos, íntimos o sublimes que las palabras nos quedan cortas para darnos a entender. Ya no, porque nos quedan cortas, sino porque lo corto es nuestro vocabulario. Esta cortedad de palabras para expresarnos, que muchas veces nos cohíbe y ...

A la persona que va a quererme a mi y a la ansiedad que tengo

  A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que saber que no será fácil. Que va a ser complicado y que es trabajo de todos los días. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que aceptar que lo que soy ahora es producto de malas experiencias, mentiras, violencia, malos tratos, traumas, entre otros. Que no es que siga viviendo en el pasado, es solo que en mi cabeza ya tengo pensado los noventa y nueve escenarios por los que no vamos a funcionar y otras noventa y nueve formas de cómo resolverlos. Pero lo cierto es que al final siempre pasará la número cien. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que hacerte de la idea que necesito que me diga que me amas cada día porque sino, pensaré que hice algo mal las veinte tres horas y cincuenta y nueve minutos restantes del día. Espero que puedas entender que vivo con ansiedad constantemente y no dejo de pensar en que todo a mi alrededor está mal o terminará...