Yo creí que este sería mi año, el año en que las cosas me iban a salir bien. Pero todo salió mal, muy mal. Tomaron mis miedos y los usaron en mi contra, no me rompieron el corazón pero sí me lastimaron. Me hicieron llorar, me hice llorar. Lloré, lloré mucho y me dije a mí misma que no volvería a pasar por lo mismo. Entonces, yo empecé a limpiar el desastre y recoger las piezas rotas. Y lloré nuevamente. Porque no podía hacerlo sola. El tiempo me ayudó a acomodar, a entender, a aceptar y, sobretodo, a no volver.
En el transcurso de los meses, me perdí una infinidad de veces y traté de encontrarme en algunas ocasiones. No funcionó, bueno, funcionó a medias. No quería mirar la verdad frente a mis narices hasta mucho después. Acepté. No dudé. Dejé de llorar. Encontré en mis niños un lugar de paz, tranquilidad, un escape, un lugar que no conoce nadie. Me aferré a eso.
Cuatro meses de altas y bajas.
Septiembre llegó. Las cosas giraron nuevamente y me volví a perder. Pero esta vez me tomó menos tiempo volver a mi camino. Septiembre trajo consigo personas nuevas, sentimientos nuevos, emociones nuevas. Empecé a volar de nuevo, a reír, a entender, a vivir. Dudé en varias ocasiones si sentirme de esa manera era correcto y me lo permití. Lo compartí. Me entendí.
Dos meses bien y llegó Noviembre.
Noviembre me golpeó más que Mayo pero los motivos eran otros. La inseguridad y los miedos me respiraban en la nuca y el llanto me acompañaba todas las noches. No sabía que hacer, estaba perdida de nuevo y esta vez parecía que iba a durar mucho más tiempo. No estaba equivocada.
Llevo dos meses tratando de volver a encontrarme, está siendo duro, doloroso y complicado. Algunas heridas han sanado, otras se han abierto después de muchos años y trato de sobrellevar todo a la vez.
Estoy en un mejor lugar, no lo voy a negar. Estoy un lugar de paz, de tranquilidad, de aceptación y de amor. Me siento bien en algunos días y muy mal en muchos otros. Nadie nunca dijo que sanar es un proceso lineal. Espero por el momento adecuado para pisar terapia de nuevo y arreglar, intentar arreglar, lo roto que está en mí.
Llevo muchos días merodeando aquí solo para decir que me despido por el resto del 2022 puesto que estoy mentalmente agotada. Este año me consumió de una manera increíble y dolorosa pero que a su vez me obligó a crecer, aprender y soltar. No sé si el próximo año siga escribiendo, me gustaría mucho porque este, al final y al cabo es mi lugar seguro, pero ya estoy harta de hacer planes.
A quien sea que esté leyendo esto, lo hiciste. ¡Lo hicimos! Llegamos al mes doce. Costó pero se logró. Que lo pasó este año quede en el día 31 de este mes a las 23:59hrs y, al minuto siguiente, empecemos a contar de nuevo.
Felices fiestas a quienes la celebran, un abrazo a quienes están en duelo y mi admiración a los que están separados de las persona que más aman. Conmigo será hasta que la vida nos vuelva a unir. Amen, abracen, lloren, disfruten, todo. Hagan todo. Vivan la vida y no dejen que la vida los viva.
Espero con ansias encontrarme es tus escritos el año que viene. Paz para tú💖
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