Tenemos que operarte.
Palabras de mi ginecóloga que parecían sacadas de una película independiente de bajo presupuesto. No recuerdo cuales fueron sus siguientes palabras porque en mi cabeza solo se repetía lo mismo, tenemos que operarte. Y ahí empezó esta historia.
Fue en el último trimestre del año, el más complicado que me tocó vivir porque no me dio tiempo de aceptar y sentir al cien mis emociones, todo lo contrario, solo tenía que seguir. En menos de dos meses me habían dado dos noticias que no esperaba y que, digamos, han cambiado un poquito lo que era. Primero, me diagnosticaron SII. Aunque ya lo sabía, no tenía certeza que mis síntomas llevaban nombre propio. El SII no es una enfermedad, es un transtorno que no se cura pero que se trata y se aprende a vivir con el. Así como yo lo vengo haciendo. Pero hoy no venimos a hablar de eso, venimos a contarles sobre la segunda noticia: mi ooforectomía.
Confieso que cuando ví el nombre me dio miedo pero ahora le he agarrado el gusto. Una ooforectomía es una "extirpación" del ovario. Puede ser bilateral (cuando te quitan ambos) o, como en mi caso, puede ser unilateral y solo te quitan uno. Si es que lo están preguntando, no es que un día me levanté y me dije: flaca, sacate un ovario. No, no fue así. Tampoco era parte de mi plan de no tener hijos. Es más, nisiquiera estaba ni en mis planes ni en los de mi doctora, simplemente se dió porque así tenía que ser.
Todo empezó con mucho dolor. Me dolía dormir y realmente pensaba que me estaba muriendo, entonces ahí viene el primer diagnóstico luego de varias ecografías, una masa en uno de mis ovarios. Yo ya sabía que tenía quistes, los tengo desde los 15, lo que no sabía era lo que podía venir después. Cuando fui a ver a mi ginecóloga inmediatamente me hizo otra ecografía, la tan llamada transvaginal y ahí la vimos. Era pequeña pero dolía como si fuera de mi tamaño, era algo así como un feto. La doctora, tratando de explicarme qué era ese objeto no identificado y yo, tratando de no llorar con las piernas abiertas. Luego de buscar una segunda opinión con otro médico, ambos coincidieron en que tenían que sacarme esa masa porque había un riesgo. ¿Cuál es el riesgo?, pregunté. Esa masa puede empezar a girar en tu ovario y si eso pasa, tendremos que sacartelo. Y yo claramente no quería porque amo mis ovarios.
Entonces, sin dudarlo, empezamos con todas las pruebas antes de los pre operatorios. Análisis, más ecografías, conversaciones repetitivas pero necesarias.
Recuerdo en un momento contárselo a mi... a él. Por primera vez en dos años me había confesado estar preocupado, nunca lo había sentido como esa noche. Pero no tardo mucho en animarme y decirme que todo saldría bien.
Una de las ecografías llegó con una información que no debí pedí pero agradecí recibir. Pregunté por qué es que tenía lo que tenía y muy amablemente me lo explicaron, entonces hice la pregunta del millón: ¿Qué es mejor, sacarme la masa o todo el ovario? Sin dudarlo me dijo: sacarte todo. Sacarte solo la masa implica que en unos años pueda crecer de nuevo. Mientras me decían estas palabras el médico de turno que me estaba haciendo otra transvaginal me preguntó si tenía hijos, le respondí que no. Lanzándome otra mirada como si quisiera animarme me dijo que aún los podría tener teniendo un solo ovario.
No recuerdo si fue esa misma noche u otra en la que le escribí a él, nuevamente, con lágrimas en los ojos si me iba a querer de la misma manera si es que solo tuviera un ovario. Y ahora que lo pienso me suena un poco tonto.
Me dijo que sí.
Entonces llegó el día. Me internaron un sábado por la tarde para operarme esa misma noche. Confieso que tenía miedo y nervios pero sabía, y tal como me lo había explicado, que no era un procedimiento complicado y que iba a estar despierta en todo momento. Me trasladaron a sala de operaciones y recordaba los tantos capítulos de Grey's anatomy que había visto. Pusieron a Maná de fondo, me colocaron la anestesia y siendo poco más de las ocho de la noche, empezaron. No recuerdo cuánto tiempo pasó hasta que oí un "ahí está" o algo así. La habían encontrado a mi masa y llegó el momento de sacarla. Pero no pudieron. Lo intentaron y al tratar de despegarla de mi ovario iba a sangrar así que sin pensarlo dos veces, me sacaron mi ovario izquierdo la noche del 13 de diciembre del 2021.
Volví a casa el día lunes y le di inicio a mi recuperación. Fui paciente con mi cuerpo y con mi mente. Me quitaron los puntos y dejé que los días pasaran. Vi una foto de lo que me habían sacado y aseguro que era de las cosas más feas que jamás he visto en mi vida. ¿Saben que fue lo mejor de todo esto? Que no volví a experimentar dolor. Que después de varias noches en las que el llanto me consumía, volví a dormir bien.
Soy una mujer(cita) con un solo ovario que ya se siente mejor.
No quiero concluir esta entrada sin agradecer a mi sistema de apoyo durante esas semanas. Mis papás y mi hermana, por ayudarme desde que me despertaba hasta que me iba a dormir. Tais, por hacer el último tramo del semestre más llevadero y a él, porque no me contó que se accidentó la noche anterior de la operación porque no quería ponerme más nerviosa de lo que ya estaba.
Comentarios
Publicar un comentario