Tenemos que operarte. Palabras de mi ginecóloga que parecían sacadas de una película independiente de bajo presupuesto. No recuerdo cuales fueron sus siguientes palabras porque en mi cabeza solo se repetía lo mismo, tenemos que operarte. Y ahí empezó esta historia. Fue en el último trimestre del año, el más complicado que me tocó vivir porque no me dio tiempo de aceptar y sentir al cien mis emociones, todo lo contrario, solo tenía que seguir. En menos de dos meses me habían dado dos noticias que no esperaba y que, digamos, han cambiado un poquito lo que era. Primero, me diagnosticaron SII. Aunque ya lo sabía, no tenía certeza que mis síntomas llevaban nombre propio. El SII no es una enfermedad, es un transtorno que no se cura pero que se trata y se aprende a vivir con el. Así como yo lo vengo haciendo. Pero hoy no venimos a hablar de eso, venimos a contarles sobre la segunda noticia: mi ooforectomía. Confieso que cuando ví el nombre me dio miedo pero ahora le he agarrado el gusto....
Nada más extraño y delicado que la relación entre las personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y no a intercambiar saludo ni palabra alguna. —Muerte en Venecia.