Esta noche de invierno está resultando ser más fría de lo
que imaginé. Y eso me recuerda a ella. Le gustaba tanto esta estación, leer uno
de sus libros y tomar té, el café nunca fue de su agrado y para una persona
como ella, resultaba ser descabellado.
Miro por la ventana de mi departamento y me deleito con las
luces de la ciudad por la noche, ¿qué estaría haciendo? ¿Leyendo antes de
dormir? ¿Escribiendo algo para mí? Hace tiempo que no me dedica unas palabras… o
quizás esté mirando la luna y pensando que alguien, aparte de mi, también la
está viendo. Con mi cámara tomo una foto, es un hábito que aún conservo. Pienso
en las pocas fotos que tengo con ella… nunca fue de su agrado estar frente a una
cámara y a pesar de los años que han pasado, aún se resiste a sonreír cuando se
lo pido.
Tengo un café como acompañante. La única luz que me ilumina
es la de la sala y me recuerda lo grande que es mi casa y lo vacía que puede
resultar cuando mis amigos no están aquí. Silencio. Medito sobre qué voy a
hacer.
Es casi medianoche y supongo que si la llamo, no contestara.
Estará durmiendo plácidamente en la cama que yo escogí para ella, seamos
honestos, yo escogí todos los muebles que están en su departamento. Recuerdo el
día que nos conocimos, como es que ella se me acercó y al oír su voz supe que
era el inicio de algo bueno.
Cuantas navidades y años nuevos hemos pasado no juntos
físicamente pero sí en pensamiento.
Ella… quisiera tanto contarles sobre ella.
Pienso en esto último y no me resulta una mala idea. Camino hacia
mi escritorio, bebo un sorbo de café y hago una mueca de asco. Está frío. Entonces
decido prepararme un té, en su honor. Al volver, busco en el librero —que ella
me obsequió— aquel cuaderno de tapa dura y negra. Otro regalo suyo.
Es para ti, cuando te sientas triste, feliz o estés pensando
en mi —rio— escríbelo. Siempre habrá alguien que te lea, y seré yo.
Sonrió y tomo con delicadeza en mis manos, lo abro y en la
primera página hay una dedicatoria.
Para ti, mi querido.
Lo abrazo a mi pecho y mis ojos se llenan de lágrimas. La extraño.
Y nos vimos ayer. Quiero tenerla aquí de nuevo, en mi sofá bebiendo chocolate
caliente mientras vemos alguna película. Quiero que me llame de esa manera que
me causa tanta gracia y tan poca justicia, quiero hacerle un regalo como
agradecimiento por seguir en mi vida. Quiero, sí que la quiero.
Me acomodo en la silla de madera negra y volteo la página. Está
tan blanca que me da miedo ensuciarla. Tomo una pluma y pienso. Dudo sobre cuál
sería mi primera palabra, no quiero equivocarme. No porque se trata de ella.
La noche parece detenerse y todo se resume en un hombre, un
cuaderno en blanco y una persona de quien hablar.
Quiero que sea recordada siempre, que todos la conozcan.
Bebo solo un poco de té y mi mano empieza a moverse. No hay
marcha atrás.
La iluminada noche de ciudad ya no se me hace tan solitaria,
siento que solo tengo un propósito para estar despierto y es una mujer. Es ella.
Cuyo nombre, es Carmen.
Estoy trabajando en algunas páginas en blanco.
Me encanta ♥ que manera de escribir y transmitir ♥
ResponderEliminarGracias a ti por pasarte por aquí y leer. Qué estés bien. ♥
Eliminar