Si algunas cosas que voy a escribir a continuación ya las han leído en Confesiones , creo que esta es la oportunidad perfecta para profundizar más en el tema. Tengo dieciseis años y desde este verano, mi mentalidad empezó a cambiar rotundamente, ya no pensaba en los chicos que veia en la calle o en que zapatillas quería comprarme. Pensaba en cuchillas, objetos punzantes rozando mi blanca piel. Pensaba en encerrarme en alguna habitación y llorar hasta más no poder, pensaba en querer atravesarme un cuchillo en el abdomen, pensaba... en no seguir aquí. Cuando regresé al colegio pensé que las cosas cambiarían pero no fue así, empeoraron y mucho... me sentía aún mas triste, lloraba con mayor frecuencia y los pensamientos suicidas abundaban cada día más mi mente. Sólo quería refugiarme en libros o helado de vainilla. Por las noches, mientras me duchaba lloraba sin razón alguna, simplemente me colocaba bajo el chorro del agua y las lágrimas brotaban incansablemente. Veía a cada momen...
Nada más extraño y delicado que la relación entre las personas que sólo se conocen de vista, que se encuentran y observan cada día, a todas horas, y, no obstante, se ven obligadas, ya sea por convencionalismo social o por capricho propio, a fingir una indiferente extrañeza y no a intercambiar saludo ni palabra alguna. —Muerte en Venecia.