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Enamorarme de él

  Escrito el 22 de Marzo del 2023 Ha pasado un mes y medio desde que lo conocí. Ha pasado un mes desde que nos dimos nuestro primer beso. Han pasado veinticuatro días desde nuestra cita. Han pasado dieciocho días desde su primera conjugación de dos palabras. Han pasado diez días desde su primera conjugación de dos palabras aún más profundas que la primera. Por la tarde vi un video que decía que las mejores relaciones (y en las que sabes que es una buena) cuando ambos se convierten en super cercanos en menos de un mes. Me identifico. Tengo muchas pruebas y cero dudas. Estoy enamorada. Y por primera vez, no me duele estarlo. Lo único que me duele son los pensamientos en mi cabeza, todos y cada uno de ellos. Los pensamientos en los que me deja, en los que se enamora de otra chica, ya saben, una menos violentada física y mentalmente, una con menos -mucho- menos trauma de la infancia. Esas duelen. No siempre, casi nunca, pero ahí rondan. Entonces se los digo, escucha e imagino que menta...

Sobre la noche que quise quitarme la vida

  Escrito el 20 de Marzo del 2023. 21:30hrs . No estoy muriendo, pero estoy sangrando. He dedicado cada una de mis noches de la última semana en llorar. Llorar como si me arrancaran la piel de los huesos. Le escribí a Greg, entendí qué era lo que me pasaba. Pensé que estaría mejor. No. Las tijeras de mi escritorio de gritaban de manera ahogada mi nombre. Por favor, paren. Todo está regresando. No es temporal, no va a durar unos días como siempre, ¿entonces cuánto? Ya no puedo más. Quisiera que ya no duela más. He sufrido mucho. Mi dolor es normal.  No esta noche.  Esta noche quiero quitarme la vida. Soy cobarde. No puedo, no quiero. No me atrevo. Alguien alguna vez me dijo que por qué quería quitarme la vida si aparentemente tengo todo. Porque yo me siento como nada. Mi cabeza dice que soy nada. Divago. Suspiro. Las lágrimas no dejan de caer. Nuevamente, mis tijeras gritan mi nombre. Hazlo. He tocado fondo. La última vez que pensé en quitarme la vida fue en Enero.  E...

Dónde estoy, cómo estoy y para dónde voy

  Yo creí que este sería mi año, el año en que las cosas me iban a salir bien. Pero todo salió mal, muy mal. Tomaron mis miedos y los usaron en mi contra, no me rompieron el corazón pero sí me lastimaron. Me hicieron llorar, me hice llorar. Lloré, lloré mucho y me dije a mí misma que no volvería a pasar por lo mismo. Entonces, yo empecé a limpiar el desastre y recoger las piezas rotas. Y lloré nuevamente. Porque no podía hacerlo sola. El tiempo me ayudó a acomodar, a entender, a aceptar y, sobretodo, a no volver. En el transcurso de los meses, me perdí una infinidad de veces y traté de encontrarme en algunas ocasiones. No funcionó, bueno, funcionó a medias. No quería mirar la verdad frente a mis narices hasta mucho después. Acepté. No dudé. Dejé de llorar. Encontré en mis niños un lugar de paz, tranquilidad, un escape, un lugar que no conoce nadie. Me aferré a eso. Cuatro meses de altas y bajas. Septiembre llegó. Las cosas giraron nuevamente y me volví a perder. Pero esta vez me to...

A la persona que va a quererme a mi y a la ansiedad que tengo

  A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que saber que no será fácil. Que va a ser complicado y que es trabajo de todos los días. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que aceptar que lo que soy ahora es producto de malas experiencias, mentiras, violencia, malos tratos, traumas, entre otros. Que no es que siga viviendo en el pasado, es solo que en mi cabeza ya tengo pensado los noventa y nueve escenarios por los que no vamos a funcionar y otras noventa y nueve formas de cómo resolverlos. Pero lo cierto es que al final siempre pasará la número cien. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que hacerte de la idea que necesito que me diga que me amas cada día porque sino, pensaré que hice algo mal las veinte tres horas y cincuenta y nueve minutos restantes del día. Espero que puedas entender que vivo con ansiedad constantemente y no dejo de pensar en que todo a mi alrededor está mal o terminará...

El día que me digas que me amas

    Escrito antes del 04 de mayo. El día que me digas que me amas no sabré que decirte o cómo responderte. Supongo habré roto en llanto tratando de repetirme esas palabras en mi cabeza mientras tú me miras a los ojos tratando de leer mi mirada. El día que me digas que me amas no estaré lista, no lo esperaré. Estaré usando jeans o quizás solo en ropa interior. Habremos tenido sexo antes o lo tendremos después. El día que me digas que me amas escribiré al respecto en mi diario, lloraré lágrimas de felicidad y sabré que es cierto lo que sientes. No le contaré a nadie, mentira, a casi nadie. Le contaré a mi mejor amiga y le diré que no sabía que decir.  El día que me digas que me amas podrás hacerlo mirándome de frente o por teléfono, como el día que me dijiste que me querías. El día que me digas que me amas será un día cualquiera o una fecha especial, un doce, un día de mayo o quizás un día de julio. El día que me digas que me amas te pediré que lo digas nuevamente, pretende...

Algo que deseo que nunca sientan

Estoy llorando. De nuevo. Los mismos pensamientos en mi cabeza y ya me pregunto si son señales que no debo ignorar. Pero las ignoro, por el momento. Sigo llorando. Caigo en cuenta de ciertas cosas y trato de convencerme de otras tantas. No funciona. Lloro. Escribo. Mientras las lágrimas caen sobre mis mejillas, recuerdo lo que te dije la última vez que hablamos (para esto espero haber logrado ignorar tus mensajes y llamadas que a lo mejor y ni realizas). Recuerdo que te dije que sabía que no podía competir contra tus amigos y eso siento que he estado haciendo los últimos meses, competir por un espacio en tu vida. Y no debería estar haciéndolo. Si tú quieres que esté en tu vida, deberías ponerme ahí y no debería estar compitiendo por un espacio en ella. Me genera incertidumbre e inclusos pequeños momentos de ansiedad en los que llega la noche y me voy a dormir repitiéndome una y otra y otra vez que no soy suficiente para ti. Y joder, es una mentira. Porque si soy más que suficiente para...

Dos meses después de mi ooforectomía

Tenemos que operarte.  Palabras de mi ginecóloga que parecían sacadas de una película independiente de bajo presupuesto. No recuerdo cuales fueron sus siguientes palabras porque en mi cabeza solo se repetía lo mismo, tenemos que operarte. Y ahí empezó esta historia. Fue en el último trimestre del año, el más complicado que me tocó vivir porque no me dio tiempo de aceptar y sentir al cien mis emociones, todo lo contrario, solo tenía que seguir. En menos de dos meses me habían dado dos noticias que no esperaba y que, digamos, han cambiado un poquito lo que era. Primero, me diagnosticaron SII. Aunque ya lo sabía, no tenía certeza que mis síntomas llevaban nombre propio. El SII no es una enfermedad, es un transtorno que no se cura pero que se trata y se aprende a vivir con el. Así como yo lo vengo haciendo. Pero hoy no venimos a hablar de eso, venimos a contarles sobre la segunda noticia: mi ooforectomía. Confieso que cuando ví el nombre me dio miedo pero ahora le he agarrado el gusto....