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A la persona que va a quererme a mi y a la ansiedad que tengo

  A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que saber que no será fácil. Que va a ser complicado y que es trabajo de todos los días. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que aceptar que lo que soy ahora es producto de malas experiencias, mentiras, violencia, malos tratos, traumas, entre otros. Que no es que siga viviendo en el pasado, es solo que en mi cabeza ya tengo pensado los noventa y nueve escenarios por los que no vamos a funcionar y otras noventa y nueve formas de cómo resolverlos. Pero lo cierto es que al final siempre pasará la número cien. A la persona que va a quererme a mí y a la ansiedad que tengo, tienes que hacerte de la idea que necesito que me diga que me amas cada día porque sino, pensaré que hice algo mal las veinte tres horas y cincuenta y nueve minutos restantes del día. Espero que puedas entender que vivo con ansiedad constantemente y no dejo de pensar en que todo a mi alrededor está mal o terminará...

El día que me digas que me amas

    Escrito antes del 04 de mayo. El día que me digas que me amas no sabré que decirte o cómo responderte. Supongo habré roto en llanto tratando de repetirme esas palabras en mi cabeza mientras tú me miras a los ojos tratando de leer mi mirada. El día que me digas que me amas no estaré lista, no lo esperaré. Estaré usando jeans o quizás solo en ropa interior. Habremos tenido sexo antes o lo tendremos después. El día que me digas que me amas escribiré al respecto en mi diario, lloraré lágrimas de felicidad y sabré que es cierto lo que sientes. No le contaré a nadie, mentira, a casi nadie. Le contaré a mi mejor amiga y le diré que no sabía que decir.  El día que me digas que me amas podrás hacerlo mirándome de frente o por teléfono, como el día que me dijiste que me querías. El día que me digas que me amas será un día cualquiera o una fecha especial, un doce, un día de mayo o quizás un día de julio. El día que me digas que me amas te pediré que lo digas nuevamente, pretende...

Algo que deseo que nunca sientan

Estoy llorando. De nuevo. Los mismos pensamientos en mi cabeza y ya me pregunto si son señales que no debo ignorar. Pero las ignoro, por el momento. Sigo llorando. Caigo en cuenta de ciertas cosas y trato de convencerme de otras tantas. No funciona. Lloro. Escribo. Mientras las lágrimas caen sobre mis mejillas, recuerdo lo que te dije la última vez que hablamos (para esto espero haber logrado ignorar tus mensajes y llamadas que a lo mejor y ni realizas). Recuerdo que te dije que sabía que no podía competir contra tus amigos y eso siento que he estado haciendo los últimos meses, competir por un espacio en tu vida. Y no debería estar haciéndolo. Si tú quieres que esté en tu vida, deberías ponerme ahí y no debería estar compitiendo por un espacio en ella. Me genera incertidumbre e inclusos pequeños momentos de ansiedad en los que llega la noche y me voy a dormir repitiéndome una y otra y otra vez que no soy suficiente para ti. Y joder, es una mentira. Porque si soy más que suficiente para...

Dos meses después de mi ooforectomía

Tenemos que operarte.  Palabras de mi ginecóloga que parecían sacadas de una película independiente de bajo presupuesto. No recuerdo cuales fueron sus siguientes palabras porque en mi cabeza solo se repetía lo mismo, tenemos que operarte. Y ahí empezó esta historia. Fue en el último trimestre del año, el más complicado que me tocó vivir porque no me dio tiempo de aceptar y sentir al cien mis emociones, todo lo contrario, solo tenía que seguir. En menos de dos meses me habían dado dos noticias que no esperaba y que, digamos, han cambiado un poquito lo que era. Primero, me diagnosticaron SII. Aunque ya lo sabía, no tenía certeza que mis síntomas llevaban nombre propio. El SII no es una enfermedad, es un transtorno que no se cura pero que se trata y se aprende a vivir con el. Así como yo lo vengo haciendo. Pero hoy no venimos a hablar de eso, venimos a contarles sobre la segunda noticia: mi ooforectomía. Confieso que cuando ví el nombre me dio miedo pero ahora le he agarrado el gusto....

Lo que trae consigo el nuevo año

Ya siendo casi el segundo día de este nuevo año, recién me tomo el tiempo para sentarme y "planear" los siguientes doce meses, o eso quería intentar hasta que vi algo que me hizo mucho sentido. Tendemos a querer empezar de cero cada primero de enero, pero, ¿Por qué? ¿A caso lo mucho que nos esforzamos en los doce meses anteriores no valieron de nada?  Durante todo el mes de Diciembre quería poder plasmar mis metas, sueños y planes para este nuevo año pero no puede, hasta hoy. Si bien sé con certeza qué quiero y que no, el poner todas estas ideas en físico solo causa que me sienta abrumada. Y aquí viene lo que escuché: De nada sirve que tengas muchas metas para el nuevo año, porque vas a intentar cumplirlas todas al mismo tiempo que, al finalizar los 365 días, no habrás cumplido con ninguna. Y sí que es cierto; tengo tantos planes que concentrarme en cada uno de ellos a la vez no me ayuda a que los logre (hablo por experiencias pasadas). Así que por eso, decidí que este año em...

Las formas de mi depresión

Probablemente llevo un mes así, llorando cada día por cosas pequeñas e insignificantes. Llorando hasta quedarme dormida, queriendo arañar las paredes de mi habitación y gritar hasta que la garganta me arda. No estoy bien. Me duele el cuerpo, me duele el alma, me duele el corazón, me duele vivir. Me duele despertarme y tener que levantarme de mi cama sabiendo que a mediodía empezaré a llorar. No recuerdo cuando fue la última vez que reí desde el fondo de mis entrañas, no recuerdo cuando fue la última vez que cortar una llamada no me dolía. Hay muchas cosas que no recuerdo. Cada vez que hablo de mi depresión estoy pidiendo ayuda, pero nadie parece notarlo, cada vez que hablo de mi depresión estoy pidiendo ser salvada, pero a nadie parece importarle. Cada vez que hablo de mi depresión estoy gritando que ya no puedo más, pero nadie parece escuchar. Mi depresión tiene muchas formas: el no comer, el perder peso y las ojeras. El no ducharme por varios días, el escuchar la misma canción triste...

El incómodo trabajo de ser mi papá

  Mientras preparaba mi desayuno escuchaba a Galdós, lo máximo mi tío Charlie. Hablaba sobre lo que estaba por suceder el día domingo, el día del padre. Algo que llamó bastante mi atención fue la cantidad de personas que comentaban que algo que les molesta de sus padres es que no sean cariñosos, me cayó como anillo al dedo. Entonces, reflexionando ante tantas otras reflexiones, lo entendí. Mi papá no es, no fue ni mucho menos será un ser cariñoso. No es de los que abraza o dice las palabras "te quiero". Creo que solo me lo dice una vez al año, en Diciembre. Y cuando lo hace es incómodo. Cuando era pequeña siempre le reclamé porque no mostraba afecto ni tampoco lo sentía cerca y solía responderme "yo soy así y no voy a cambiar" y pues, ¿Quién cambia a los 60? Nadie. Por muchos años lo culpé por mis malas relaciones con otros hombres cuando él no tenía la culpa, lo culpé porque ya no iba a las actuaciones escolares (que no eran muchas en comparación a las que si iba),...